Te vi allí, entre el claro-oscuro de la noche,
con ese bello atardecer,
tus pupilas brillantes
iluminadas como un faro.
Yo me quedé inmóvil,
guardando ese instante para recordarte,
creí que era sólo un sueño
hasta que el beso me dijo todo.
Sin duda eres tú,
quien una vez más vino a mí para reír
y en tu abrazo los miedos
se desvanecen y desaparecen.
Es contigo, amor mío, mi flaquito,
con quien quiero caminar,
platicar sin más.
Quiero que siempre seas tú.
Mgabriel Portilla
Tulancingo Hidalgo, México

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