Mostrando entradas con la etiqueta Autocontrol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autocontrol. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de enero de 2021

¿Veleta o motor?

Las veletas se mueven según la dirección en que se mueve el viento. Eso lo sabe todo el mundo y si el viento no sopla sencillamente se quedan estáticas en la posición en que las dejó la 
última ventolera.
No hay en ellas capacidad para decidir hacia dónde apuntar sino que están a merced de todo y ocurre así porque el centro de control es totalmente externo a ellas y carecen además de cualquier fuerza interna para decidir a dónde apuntar.

Un ser vivo sin embargo tiene no sólo la capacidad de permanecer en su posición si se propone ese objetivo sino incluso de moverse contra corriente o moverse en la dirección que quiera. Así ocurre también con las máquinas que cuentan con un motor equipado en ellas para generar su propio movimiento.

Tenemos en nuestra vida ambos polos siempre a disposición: podemos optar por ser veletas o bien por activar nuestro motor interno; podemos decidir movernos en la dirección que queramos o permanecer estáticos aunque el entorno nos pueda empujar en una dirección u otra… o bien estar siempre a merced de las presiones y opiniones ajenas e incluso de nuestros impulsos más primarios sin someterlas a la reflexión, a la crítica o autocrítica.

Cuando te enfadas y en lugar de reconocer tu enfado y explicar tus razones sin juzgar ni condenar te dedicas a insultar, mirar con desprecio al otro dando rienda suelta al descontrol de tus emociones… ¿qué eres: veleta o motor?.

Cuando defiendes tu punto de vista con argumentos, no por cabezonería, y éstos son objetivos,… ¿qué eres: veleta o motor?.

Cuando tienes unos objetivos o una tarea que realizar y la postergas constantemente “porque es que… no te apetece, requieren esfuerzo,…” ¿qué eres: veleta o motor?.

Cuando te importa más el ser tú mismo, fiel a tus principios, auténtico, honesto,… que el quedar bien con los demás y buscar su aprobación,… ¿qué eres: veleta o motor?.

Necesitamos tomar las riendas de nosotros mismos, controlar nuestros impulsos, someterlos a la autocrítica, ser coherentes con lo que pensamos y sentimos al mismo tiempo que respetamos a los demás, nuestro entorno, así como nos gustaría que nos respeten a nosotros.

Necesitamos centrar nuestro control en nosotros mismos, no en el exterior (incluso siguiendo propuestas que nos vienen de fuera se puede ser auténtico mientras ello coincida con nuestra propia identidad); madurar nuestras decisiones para que sean consistentes y de ellas podamos sentirnos orgullosos.

Necesitamos superar la inmediatez: lo queremos tener todo y ya, pero saltándonos todo lo que supone ponernos en marcha. Hay un proceso y asumirlo significa decidirnos a vivir todo lo que sea necesario para llegar a algo consistente.

Santi Catalán

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:

  • ¿Qué piensas de las ideas que este artículo presenta?.
  • ¿Qué es para ti el "autocontrol"?, ¿qué cualidades y/o actitudes van de la mano de este valor y por qué crees que están necesariamente relacionadas con él?.
  • ¿Cómo construir este valor?, ¿qué pasos vemos necesarios para conseguirlo?.
  • ¿Tienes problemas derivados de la falta de control sobre ti mismo/a?, ¿en qué se ha manifestado esa falta de autocontrol?, ¿qué vas a hacer en los sucesivo para crecer en él?.

martes, 26 de abril de 2016

Lo que necesitas saber sobre el autocontrol



CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • ¿Cómo define el autor de este vídeo el "autocontrol"?.
  • ¿Para qué nos sirve el autocontrol?, ¿cuándo aplicarlo?.
  • ¿Cómo te sientes cuando compruebas que te ha faltado este autocontrol y has provocado una situación que ha perjudicado a todos?. ¿Y cuando ese autocontrol ha llevado al beneficio de todos incluido tú mismo?.
  • ¿Qué puedes hacer hoy para mejorar tu autocontrol, especialmente en alguna situación que te está afectando negativamente?.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Gotita de magia

Loplanto y Locomo eran dos jóvenes aprendices de mago que se prepararon durante años para cargar sus varitas en la misteriosa fuente de la magia. Cuando estuvieron listos, viajaron por el mar hasta la isla de los mil desiertos, atravesaron sus infinitas dunas de arena, escalaron la gran montaña de roca y por fin encontraron la fuente. Pero la fuente estaba seca. Tan seca, que sólo pudieron llenar sus varitas con una minúscula gotita de magia. Y al agotar la magia de la fuente, la isla se transformó en un inmenso desierto que nadie podría atravesar. Sólo quedaron dos pequeños oasis, tan pequeños y distantes, que Loplanto y Locomo decidieron separarse para tener alguna posibilidad de sobrevivir cada uno en su minúsculo oasis.
La vida se hizo entonces durísima para los dos. Aunque el oasis les proporcionaba agua de sobra, su única comida eran los dátiles de las pocas palmeras que habían crecido junto al agua. Y aunque agitaban sus varitas tratando de conseguir comida, tenían tan poca magia que nunca pasaba nada.
Hasta que varias semanas después, al agitar su varita, Locomo vio ante sí un enorme y apetitoso tomate.
- Vaya. ¡Qué suerte la mía!. Si me lo como ahora me alegrará el día.
Y aquel fue el mejor día de Locomo desde que vivía en el oasis.
Algo parecido le pasó a Loplanto a los pocos días, cuando su varita le regaló una pequeña patata.
- Vaya. ¡Qué suerte la mía!. Si la planto y la cuido me alegrará muchos días.
Y aquel día Loplanto tuvo la misma hambre que todos los anteriores, y además tuvo que trabajar para preparar la tierra y sembrar la patata.
Algún tiempo después la varita regaló a Locomo un pajarillo cantarín y regordete.
- Vaya. ¡Qué suerte la mía!. Si me lo como ahora me alegrará el día.
Y la abundante carne del pajarillo le supo tan rica que aquel se convirtió en su mejor día en el oasis.
También la varita de Loplanto hizo surgir por aquellos días un pajarillo cantarín y flacucho.
- Vaya. ¡Qué suerte la mía!. Si lo alimento y lo cuido me alegrará muchos días.
Y aquel día y muchos otros Loplanto compartió con el pajarillo su poca comida, para conseguir que el pajarillo volviera y le despertara cada día con sus bellos cantos.
Los dos jóvenes siguieron recibiendo nuevos y pequeños regalos de sus varitas cada cierto tiempo. Locomo los usaba al momento para conseguir un día especial, mientras que Loplanto aguantaba el hambre y el cansancio, esforzándose por convertir cada regalo en algo que pudiera serle útil durante más tiempo. Así, no tardó en conseguir un pequeño huerto cuyos frutos también compartía con cada vez más animales de los que consiguía ayuda, comida y compañía. Llegó a estar tan a gusto y cómodo, y disfrutando de todo esto, que por fin se atrevió a ir a buscar a Locomo para intentar cruzar el desierto y escapar de allí.
Sin embargo, Locomo no quiso saber nada de él. Al oír cómo había conseguido Loplanto tantas cosas, y pensar que él podía haber hecho lo mismo, se llenó de rabia y de envidia. Entonces, convencido de que todo era culpa de la poca magia que tenía su varita, cambió las varitas en un descuido y luego, impaciente por probar su nueva varita, echó a su antiguo amigo de allí. Pero aquella varita era aún menos mágica que la que ya tenía, y el envidioso e impaciente mago quedó encerrado durante años y años en su oasis, incapaz de hacer nada para salir de allí.
Loplanto abandonó el oasis de Locomo decidido a cruzar el desierto. Pero apenas llevaba unas horas de viaje, cuando se levantó un fuerte viento que arrastró a su amigo el pajarillo. El mago corrió tras él para salvarlo, pero el viento creció hasta convertirse en un tornado que aspiró al pajarillo, al mago y a todas sus cosas, levantándolos por los aires. Volaron y volaron durante tantas horas que cruzaron el desierto y atravesaron el mar. Finalmente, el viento perdió fuerza y Loplanto aterrizó suavemente en un valle verde y tranquilo, junto a una bella fuente. Entonces, el pájaro tomó en su pico la varita de Loplanto y la llevó hasta la fuente.
El joven mago sintió al momento cómo su varita y él mismo se llenaban de la magia más pura y de la sabiduría más profunda. Y descubrió que aquella era la verdadera fuente de la magia, y el pajarillo su fiel guardián, cuya principal misión era reservar tanto poder sólo para aquéllos con la suficiente sabiduría, paciencia y voluntad como para conseguir grandes cosas con una minúscula gotita de magia.
Pedro Pablo Sacristan
CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • ¿Qué diferencias hallas entre la forma de reaccionar de "Loplanto" con la de "Locomo"?. ¿A qué situación llega cada cual con esas actitudes?.
  • ¿A cuál de los dos personajes te has asemejado más en el pasado?, ¿y en el presente?. ¿Con cuál de los dos te gustaría parecerte más en el futuro?, ¿para qué?.
  • ¿En qué situaciones de la vida ves necesario vivir un buen autocontrol de los impulsos o primeras reacciones que se nos ocurren?.
  • ¿A qué te vas a comprometer hoy para que el el presente inmediato y en el futuro no tengas que lamentar decisiones basadas en el puro egocentrismo o egoísmo sino en el beneficio duradero para ti mismo/a pero también para los demás?.

sábado, 27 de junio de 2015

La crema invisible



Mario era un niño bueno, pero tan impaciente e impulsivo que pegaba a sus compañeros casi todos los días. Laura, su maestra, decidió entonces pedir ayuda al tío Perico, un brujo un poco loco que le entregó un frasco vacío.
- "Toma esta poción mágica que ni se ve, ni se huele. Dásela al niño en las manos como si fuera una cremita, y dejará de pegar puñetazos".
La maestra regresó pensando que su locuelo tío le estaba gastando una broma, pero por si acaso frotó las manos de Mario con aquella crema invisible. Luego esperó un rato, pero no pasó nada, y se sintió un poco tonta por haberse dejado engañar.
Mario salió a jugar, pero un minuto después se le oía llorar como si lo estuvieran matando. Cuando llegó la maestra nadie le estaba haciendo nada. Solo lo miraban con la boca abierta porque… ¡Le faltaba una mano!.
- "¡Ha desaparecido! ¡Qué chuli! ¡Haz ese truco otra vez!" - decía Lola.
Pero Mario no había hecho ningún truco, y estaba tan furioso que trató de golpear a la niña. Al hacerlo, la mano que le quedaba también desapareció.
Laura se llevó corriendo a Mario y le explicó lo que había ocurrido, y cómo sus manos habían desaparecido por usarlas para pegar. A Mario le dio tanta vergüenza, que se puso un jersey de mangas larguísimas para que nadie se diera cuenta, y ya no se lo volvió a quitar. Entonces fueron a ver al tío Perico para que deshiciera el hechizo, pero este no sabía.
- "Nunca pensé darle la vuelta. No sé, puede que el primo Lucas sepa cómo hacerlo…".
¡Qué horror!. El primo Lucas estaba aún más loco que Perico, y además vivía muy lejos. La maestra debía empezar el viaje cuanto antes.
- "Voy a buscar ayuda, pero tardaré en volver. Mientras, intenta ver si recuperas tus manos aguantando sin pegar a nadie".
Y Laura salió a toda prisa, pero no consiguió nada, porque esa misma noche unas manos voladoras -seguramente las del propio Mario- se la llevaron tan lejos que tardaría meses en encontrar el camino de vuelta.
Así que Mario se quedó solo, esperando a alguien que no volvería. Esperó días y días, y en todo ese tiempo aguantó sin pegar a nadie, pero no recuperó sus manos. Siempre con su jersey de largas mangas, terminó por acostumbrarse y olvidarse de que no tenía manos porque, al haber dejado de pegar a los demás niños, todos estaban mucho más alegres y lo trataban mejor. Además, como él mismo se sentía más alegre, decidió ayudar a los otros niños a no pegar, de forma que cada vez que veía que alguien estaba perdiendo la paciencia, se acercaba y le daba un abrazo o le dejaba alguno de sus juguetes. Así llegó a ser el niño más querido del lugar.
Con cada abrazo y cada gesto amable, las manos de Mario volvieron a crecer bajo las mangas de su jersey sin que se diera cuenta. Sólo lo descubrió el día que por fin regresó Laura, a quien recibió con el mayor de sus abrazos. Entonces pudo quitarse el jersey, encantado por volver a tener manos, pero más aún por ser tan querido por todos. Tan feliz le hacía tanto cariño que, desde aquel día, y ante el asombro de su maestra, lo primero que hacía cada mañana era untarse las manos con la crema mágica, para asegurarse de que nunca más las volvería a utilizar para pegar a nadie. 
Pedro Pablo Sacristán.


CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO
  • ¿Cómo es que Mario perdió sus manos?.
  • ¿Qué tuvo que hacer Mario para no acabar peor?. ¿Qué consecuencias tuvo el cambio de conducta que adoptó?.
  • ¿Qué nos enseña este cuento?. ¿Qué nos pasa cuando no ponemos ningún control a nuetras palabras, gestos o acciones?.
  • ¿Qué puedes hacer hoy para fortalecer tu autocontrol y lograr sentirte mejor contigo mismo y con tu entorno?.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Autocontrol emocional

El autocontrol emocional es la capacidad que nos permite controlar nuestras emociones y no que éstas nos controlen a nosotros, sacándonos la posibilidad de elegir lo que queremos sentir en cada momento de nuestra vida.
Nosotros somos los actores o hacedores de nuestra vida ya que de las pequeñas y grandes elecciones depende nuestra existencia; tenemos la importante posibilidad de hacer feliz o no nuestra vida, a pesar de los acontecimientos externos.
Esos acontecimientos no son los que manejan nuestra vida, sino nosotros mismos, como sujetos activos manejamos nuestra felicidad dependiendo de la interpretación que hacemos de ellos.
Somos lo que pensamos y tendremos autocontrol si aprendemos a controlar nuestros pensamientos de forma que también así podremos controlar nuestras emociones.
Un sentimiento lo podemos definir como una reacción física a un pensamiento. Si no tuviéramos cerebro no sentiríamos. Con algunas lesiones en el cerebro no se siente ni el dolor físico. Todas las sensaciones llegan precedidas por un pensamiento y sin la función del cerebro no se pueden experimentar sensaciones. Si se controlan los pensamientos… y las sensaciones y sentimientos que vienen de los pensamientos, entonces ya se es capaz de tener un autocontrol emocional. Todos tenemos derecho a hacer, pensar y sentir lo que queremos, siempre y cuando no perjudiquemos a nadie.
Algunas ideas irracionales o pensamientos distorsionados que impiden el autocontrol emocional:
Hay muchas ideas irracionales o pensamientos distorsionados en nuestra sociedad que impiden el autocontrol emocional y logran que nuestra vida no sea plena, que la disfrutemos con alegría. Los sentimientos no son simples emociones que nos suceden, sino que son reacciones que elegimos tener. Si somos dueños de nuestras emociones, si las controlamos, no tendremos que escoger reacciones de autoderrota.
Entre estas ideas irracionales o pensamientos distorsionados están la "falta de autovaloración, de aceptación de nuestro cuerpo (no tenemos un cuerpo -el cuerpo no es una pertenencia, no es una cosa-, somos nuestro cuerpo ya que él forma parte de nuestro ser y a través de él interactuamos con nosotros mismos y nuestro entorno) y falta de seguridad en nosotros mismos".

CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • ¿Qué conclusiones obtienes de la lectura de este texto?.
  • ¿Es fácil el "autocontrol"?, ¿es posible pensar en lo que queramos pensar siempre que queramos, incluso en momentos de dolor, frustración,...?.
  • ¿Cómo hacer para encaminarnos a ese autocontrol que quisiéramos o necesitamos en relación con nuestros pensamientos y, en consecuencia, de los sentimientos?.
  • ¿Qué vas a hacer hoy para trabajar tu autocontrol -en aquellos aspectos que consideres necesarios?.

sábado, 8 de febrero de 2014

Principio 90/10

Descubre el Principio 90/10. Cambiará tu vida (al menos la forma en como reaccionas a situaciones). 
¿Cuál es este Principio?.
El 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa. El restante 90% está determinado por lo forma en que reaccionas a eso que pasa...
¿Qué quiere decir esto?.
Nosotros realmente no tenemos control sobre el 10% de lo que nos sucede. No podemos evitar que el automóvil se descomponga, que el avión se retrase, que nos sorprenda la lluvia, que un automovilista pueda obstaculizarnos en el tráfico... lo cual tirará por la borda todo nuestro plan. 
No tenemos control de este 10%. El otro 90% es diferente. Solamente tú lo determinas. ¿Cómo?... con tu reacción.
Tú no puedes controlar el semáforo en rojo, pero puedes controlar tu reacción. No dejes que la gente se aproveche de ti. Tú puedes controlar cómo reaccionas.
Usemos un ejemplo...
Estás desayunando con tu familia. Tu hija tira una taza de café y salpica tu camisa de trabajo. Tú no tienes control sobre lo que acaba de pasar. Lo siguiente que suceda será determinado por tu reacción. Tú maldices. Regañas severamente a tu hija por que te tiró la taza encima.
Ella rompe a llorar. Después de regañarla, te volteas a tu esposa y la criticas por colocar la taza demasiado cerca de la orilla de la mesa.
Y sigue una batalla verbal. Tú, vociferando, vas a cambiarte la camisa.
Cuando regresas, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando terminándose el desayuno y alistándose para irse la escuela.
Ella pierde el autobús. Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo. Tú te apresuras al carro y llevas a tu hija a la escuela. Debido a que tú ya estas atrasado, manejas 40 millas por hora en una avenida cuya velocidad máxima es de 30 millas por hora. Después de 15 minutos de retraso y obtener una multa de tráfico por $60.00, llegas a la escuela. Tu hija corre a la escuela sin decirte adiós. Después de llegar a la oficina 20 minutos tarde, te das cuenta que se te olvidó el portafolios. Tu día empezó terrible. Y parece que se pondrá cada vez peor. Ansías regresar a casa. Cuando llegas a tu casa encuentras un pequeño distanciamiento en tu relación con tu esposa y tu hija.
¿Por qué?.
Todo fue debido a la manera en que reaccionaste esa mañana.
¿Por qué tuviste un mal día?.
      A) ¿El café lo causó?.
      B) ¿Tu hija lo causó?.
      C) ¿El policía lo causó?.
      D) ¿Tú lo causaste?.
La respuesta es “D”. Ciertamente, tú no tenías control sobre lo que pasó con el café. Fue la forma en cómo reaccionaste esos 5 segundos lo que determinó el cauce de tu mal día. 
Te presento lo que debió haber sucedido:
El café te salpica. Tú hija está a punto de llorar. Entonces tú gentilmente le dices:
- “No te preocupes, cariño, sólo necesitas tener más cuidado la próxima vez”.
Después de ponerte una camisa limpia y tomar tu portafolios, regresas al comedor, miras a través de la ventana y ves a tu hija tomando el Autobús escolar. Ella voltea agradecida y te dice adiós con la mano.
¿Notas la diferencia?.
Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual. Ambos terminaron diferente. ¿Por qué?.
Tú realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede en la vida. El otro 90% fue determinado por tu reacción. Estas son algunas formas de aplicar el Principio 90/10.
Si alguien te dice algo negativo acerca de ti, no te lo tomes a pecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten.
Reacciona apropiadamente y no arruinarás tu día. Una reacción equivocada podría resultar en la pérdida de un amigo, ser despedido, te puedes estresar, etc.
¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico?. ¿Pierdes tu carácter?. ¿Golpeas sobre el volante? (a un amigo mío se le desprendió el volante), ¿Maldices?. ¿Te sube la presión?. ¿A quién le preocupa que llegues 10 segundos tarde al trabajo?. ¿Por qué dejar que los automóviles te arruinen el viaje?.
Recuerda el Principio 90/10 y no te preocupes de eso. Tú has dicho que perdiste el empleo. ¿Por qué perder el sueño y ponerte enojado?. No funcionará. Usa el tiempo y la energía que inviertes en tu preocupación para encontrar otro trabajo.
El avión está atrasado. Va a arruinar la programación de tu día. ¿Por qué manifestar frustración con el empleado de la aerolínea?. Él no tiene control sobre lo que está pasando. Usa tu tiempo para estudiar, conocer a otros pasajeros, ¿por qué estresarse?. Eso hará que las cosas se pongan peor.
Ahora ya conoces el Principio 90/10. Aplícalo. No perderás nada si lo intentas.
Millones de personas están sufriendo de un estrés que no vale la pena, sufrimientos, problemas y dolores de cabeza.
Lo único que hace falta es voluntad para darnos el permiso de vivir la experiencia. Todo, absolutamente todo lo que damos, hacemos, decimos, o aún, todo lo que pensamos, es un Boomerang. Regresa a nosotros...
Si queremos recibir, aprendamos primero a dar... Tal vez nos quedemos con las manos vacías, pero nuestro corazón estará lleno de amor... Y quienes aman la vida, tienen el sello de ese sentimiento en un lugar de su corazón...
Autor: Stephen Covey
CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • ¿Qué conclusiones obtienes de la lectura de este documento?. ¿Qué ejemplos compruebas en tu propia experiencia que corroboran el argumento de Stephen Covey?.
  • Imagina un día, hoy mismo, en que a partir de este instante logres vivir, relacionarte, actuar conforme sueñas que pueda ser ¿cuál crees que sería su resultado al final de la jornada?. ¿No es el autocontrol una de las claves de las experiencias más gratificantes?.
  • ¿Qué crees que es necesario para generar y fortalecer el autocontrol, que puedas ser tú quien maneje tu proceder y no tus primeros impulsos que son a veces malos conductores?.
  • ¿Qué harás en el día de hoy en concreto para acrecentar el dominio, autocontrol, sobre ti misma?.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La ofensa



Él era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.
Al terminar la clase de fin de año, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio,  se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:
- “Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de ver su cara aburrida”.
EL alumno estaba erguido, con semblante desafiante, en espera de otra respuesta airada de su profesor. Pero ante su asombro, el hombre le respondió:
- Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?.
- Por supuesto que no”, respondió el alumno algo sorprendido.
- Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme o decirme algo desagradable, está ofreciéndome algo.
En tu caso es una emoción de rabia y rencor que puedo decidir no aceptar. Si yo me siento ofendido o me pongo furioso estaré aceptando tu regalo, y yo prefiero regalarme mi serenidad.
Amigo, prosiguió el profesor, la vida nos da la oportunidad de amargarnos o de ser felices.
Tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo porque no me interesa.
Yo no puedo controlar lo que hay en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.
Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner dentro de ti, y lo que elijas lo tendrás hasta que decidas cambiarlo, porque es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o de ser felices”.
 Dice Proverbios 5,1: "La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego".

CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:

  • ¿Suele suceder que "aceptamos la ofensa ajena" y contestamos con otra ofensa?. Busca ejemplos que conozcas y explica lo que eso produce en una y otra parte.
  • ¿Cómo podría evitarse la escalada de sentimientos negativos?, ¿por dónde cortar?, ¿cómo hacerlo?.
  • ¿Es difícil mantener el autocontrol cuando entran en juego los sentimientos?. Cita momentos o circunstancias en que fuiste capaz de autocontrolarte, ¿cómo lo hiciste?.
  • Si ves que necesitas aumentar tu autocontrol ¿qué podrías hacer hoy mismo para ejercitarte en ello e ir mejorando?.