una taza de café y una nota de amor,
porque aún no nos podemos ver,
estamos en el corazón.
Un café como el color de tus ojos
y endulzado con el néctar
de los besos robados.
No soy ladrona,
pero hoy son míos esos labios
que emanan miel y placer.
Impregnada está mi piel hoy
de ese olor a pasión,
cual fragancia de amor.
Entre sábanas y el cielo,
estás tú, mi flaquito;
usted es mi más tierna tentación.
Saborear ese rico café
acompañado de la ilusión.
Quizás tú, quizás yo,
pero nacen las ganas de vivir
en los sueños para hacer el amor.
Eres ese dulce sabor a café,
a razón también, a lujuria
y otras veces sólo tierno sentir.
Me abrazo a ti y a esta forma de amar,
a este sentir que puedo llamar felicidad.
M. Gabriel Portilla
Tulancingo Hidalgo, México

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