Y te invité un café,
soñé que nos tomábamos ese café
en la puesta de sol,
cuando los rayos
se reflejaban en tu mirada.
No sé si era el aroma a café
o el olor de tu piel,
pero me embriagué
de ese dulce olor.
Quizás era el dulce de tus labios
o el azúcar del café, amor.
Una taza de café no nos bastó,
yo quería más, mucho más...
y ya no hablo del café, mi guapo.
Un sorbo era un minuto
entre las horas
que yo quería pasar a tu lado,
en esa plática amena
y con esa risa nerviosa.
Quizás tú, quizás yo
quizás el café... o tú,
que ya eres mi adicción.
Lentamente bebí otra taza,
que ya estaba tibia,
como el beso, como el roce
o como el abrazo que me das.
Quizás te vuelva a invitar
a un café para soñar...
que estamos aquí una vez más.
Mgabriel Portilla
Añoranzas de un amor bonito
Tulancingo Hidalgo, México

No hay comentarios:
Publicar un comentario