cuando en mi risa
se perdió sin compasión.
Se llevó el latido de mi corazón
para fundirlo al compás de su amor.
Él me robó el alma
y ahora su calma me pertenece
como cada pensamiento de amor.
No tuve piedad, es verdad,
pero no pude evitar mirarlo a los ojos
cuando se entrega a mí en total libertad.
Pero él no sabe que me quedé
con su voluntad cuando me besa;
él es mío como yo soy suya, sin más.
Mgabriel Portilla,
Eres mi más hermosa poesía
Tulancingo Hidalgo, México






