No sé si era el azul que me protegía o me dio la serenidad de estos días, quizás el buscar sabiduría o quizás que no soy la misma ni siento igual las cosas de esta vida.
Quizás es
que aprendí a agradecer cada instante del día y vivir en armonía, pero no puedo
ocultar que a veces es difícil olvidar; lo bueno o lo malo siempre deja una
huella, y una lágrima puede brotar sin querer.
Hoy por
hoy, creo que la vida es maravillosa y agradezco infinitamente por todo lo
vivido, lo que está por llegar y lo que vine a experimentar con toda la
felicidad posible.
No cabe duda de que somos dueños de nuestro destino, y ahí voy, un día a la vez, sumando sueños para que mañana sean realidad.
Mgabriel Portilla
MÉXICO






