En dulce voz, un niño cantó:
“Quiero un mundo de paz”.
Cuando recordó cómo fue arrancado
de los brazos de su madre
en plena guerra,
un canto más fuerte se escuchó.
Una niña fue traficada
como mercancía
y perdió la inocencia
en manos de quien más dinero tenía.
Pasan los años
y nada supieron de ellos.
Pedía paz,
pero ellos jamás la vivieron.
En las redes,
una joven se enamoró
de un príncipe azul
que la llevó al límite del dolor
y ella decidió morir por amor.
No sabe ese niño
qué juegos juega en línea,
que detrás de esa niña bonita
está una mente perversa.
Desde cualquier parte del mundo,
la guerra está presente
y aún cantemos por la paz,
nadie nos ha de escuchar.
Puesta la fe,
la esperanza de encontrar
al niño perdido,
de aquella mujer golpeada
o de miles de niños vendidos,
otros más en una guerra mueren.
¿Será que todos estamos perdidos?
Hoy, unidos con esos niños,
en un grito de paz,
un canto en sintonía por la libertad.
María Gabriel Portilla
MÉXICO
Participación para el octavo encuentro de escritores de Huayacocotla.

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