Aún puedo tocar
los pliegues de sábanas rojas
que susurran un te espero
al caer la noche.
Aún camino a esos lugares
donde de tu mano recorrí cada rincón;
cada anhelo es un nuevo espacio.
Quedaron los recuerdos
murmurantes de vez en vez,
una lágrima al recordar,
un te amo guardado por la eternidad.
Pero al llegar la noche,
el desvelo es presente y tú,
mi corazón de piedra,
eres más frío que la nieve al caer.
Los años siguen pasando
y yo te espero, como esperando
que cumplas las promesas.
Por siempre,
os pliegues de tu alma
están tatuados por la eternidad.
Mgabriel Portilla
Voces del alma.
Tulancingo Hidalgo, México

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