miércoles, 11 de febrero de 2026

Culpa

A veces vamos andando
entre las espinas de las culpas
y es verdad, somos culpables.


Cuando nos enamoramos,
abrimos puertas
y hablamos de las heridas
y cómo fueron creciendo
para dar la daga
y que las hagan más profundas.


Somos culpables, sí,
de aceptar acciones y seguir creyendo
que el amor existe en todos
y aun así, somos culpables de amar
a quien solos nos deja en plena tormenta.


Somos culpables
aquéllos que entregamos todo,
queriendo compartir cada instante,
y cuando se desgastan las ganas, sin más,
somos culpables por no ser iguales a antes.


Pero somos culpables también
de que otros nos destruyan
con la ayuda de quien dice amarnos.


Somos culpables de las humillaciones,
de las burlas y engaños,
de correr y ya no ser ingenuos,
de cerrar las puertas
y no confiar después del daño.


Pero seguimos teniendo culpa de todo,
de actuar o de simplemente no hacer nada.


No importa cómo se haga,
el resultado siempre será
que somos culpables
ante los ojos de los que saben la realidad
y se visten de dignidad.


Y te tatúan la culpa,
aún sabiendo y conociendo,
de dejar mensajes,
hacer circo y traficar con el dolor.


Pero seguimos siendo culpables,
y así será, porque alguien
no tiene la responsabilidad afectiva.


Porque siempre es más fácil
culpar que aceptar el daño causado.


Soy culpable de amar con total libertad,
de ser buena persona,
de creer y confiar.


Pero también soy culpable
de decir lo que siento y pienso.


Acepto mi culpa...
porque siempre diré
lo que creo y resulta cierto.


Puedes culparme de todo,
menos de aceptar juegos absurdos,
de tus malas decisiones,
de tus acciones
y el daño que dejas en los que te quieren.


Acepto mi culpa de amar bonito,
de querer un amor real, leal y honesto,
de pretender que sea sólo de dos
y no vivir en la humillación.


Aquí, allá y en todos lados,
soy igual y digo lo que siento,
porque lo mío no fue juego.


Es verdad, conmigo nadie puede
porque una vez que las dudas siembras,
que veo la realidad,
eres tú quien curas con acciones
o destruyes lo que queda con culpar
y dejarme volar o marcharte una vez más
donde los juegos son verdad.


Mgabriel Portilla
Tulancingo Higalgo, México

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