miércoles, 1 de agosto de 2012

El rey y su halcón


Genghis Khan era un gran rey y guerrero.
Llegó con su ejército a China y Persia, y conquistó muchas tierras. En todos los países, los hombres referían sus hazañas, y decían que desde Alejandro Magno no existía un rey como él.
Lo acompañaban muchos de sus amigos. Cabalgaban jovialmente, llevando sus arcos y flechas. Era una alegre partida de caza. Sus gritos y sus risas resonaban en el bosque. Esperaban obtener muchas presas.
En la muñeca el rey llevaba su halcón favorito, pues en esos tiempos se adiestraba a los halcones para cazar. A una orden de sus amos, echaban a volar y buscaban la presa desde el aire. Todo el día Genghis Khan y sus cazadores atravesaron el bosque, pero no encontraron tantos animales como esperaban.
Al anochecer emprendieron el regreso. El rey cabalgaba a menudo por los bosques y conocía todos los senderos. Así que mientras el resto de la partida tomaba el camino más corto, él eligió un camino más largo por un valle entre dos montañas.
Había sido un día caluroso, y el rey tenía sed. Su halcón favorito había echado a volar, y sin duda encontraría el camino de regreso.
El rey cabalgaba despacio. Una vez había visto un manantial de aguas claras cerca de ese sendero. Al fin, para su alegría, vio agua goteando de una roca. En la temporada de las lluvias, siempre corría por allí un arroyo caudaloso, pero ahora bajaba una gota por vez.
El rey se apeó del caballo. Tomó un tazón de plata de su morral, y lo sostuvo para recoger las gotas que caían con lentitud.
De pronto oyó un silbido en el aire, y le arrebataron el tazón de las manos. El agua se derramó en el suelo.
Era el halcón.
El halcón voló de aquí para allá varias veces, y al fin se posó en las rocas, a orillas del manantial.
El rey recogió el tazón, y de nuevo se dispuso a llenarlo.
Esta vez no esperó tanto tiempo. Cuando el tazón estuvo medio lleno, se lo acercó a la boca. El rey empezó a enfurecerse. Lo intentó de nuevo, y por tercera vez el halcón le impidió beber.
El rey montó en cólera. Llenó el tazón de nuevo. Pero antes de tratar de beber, desenvainó la espada.
- "Amigo halcón -dijo-, ésta es la última vez".
No acababa de pronunciar estas palabras cuando el halcón bajó y le arrebató el tazón de la mano. Pero el rey lo estaba esperando. El pobre halcón cayó sangrando a los pies de su amo.
Pero cuando buscó el tazón, descubrió que había caído entre dos piedras, y que no podía recobrarlo.
Decidió trepar la empinada cuesta que conducía al lugar de donde goteaba el agua. Era un ascenso agotador, y cuanto más subía, más sed tenía.
Al fin llegó al lugar. Allí había, en efecto, un charco de agua, ¿pero qué había en el charco?: Una enorme serpiente muerta, de la especie más venenosa.
El rey se detuvo. Olvidó la sed. Pensó sólo en el pobre pájaro muerto.
- "¿Y cómo le pagué?. Era mi mejor amigo, y lo he matado".
Bajó la cuesta. Tomó suavemente al pájaro y lo puso en su morral. Luego montó a caballo y regresó deprisa, diciéndose:
- "Hoy he aprendido una lección, y es que nunca se debe actuar impulsado por la furia".
Tomás Jefferson. Versión de James Baldwin
CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • Si tan buen amigo era el halcón para este rey ¿por qué no se paró a pensar en las razones que tendría el halcón para no dejarle beber de aquella agua?. ¿Qué hubiera sucedido si antes de decidir escarmentar a su halcón hubiera indagado sobre las posibles razones del modo de actuar del halcón?.
  • ¿Recuerdas experiencias en las que se rompió o se deterioró una relación por haber juzgado mal las apariencias?. ¿Qué conclusiones obtuviste de esas experiencias?.
  • ¿Tienes juicios o imágenes negativas de alguien?, ¿cómo te sientes guardando eso en tu interior?, ¿en qué te beneficiaría a ti resolver esos juicios y también a esas personas?, ¿quieres resolver esas situaciones?, ¿cómo hacerlo?.
  • ¿Cómo hacer para aumentar tu capacidad de autocontrol?, ¿qué puedes hacer hoy para crecer en esa capacidad?.

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