jueves, 24 de enero de 2013

No es sensiblería


Para comprender la importancia de este valor, necesitamos recordar que en distintos momentos de nuestra vida hemos buscado afecto, comprensión y cuidados, sin encontrar a ese alguien que muestre interés por nuestras necesidades y particulares circunstancias. ¿Qué podríamos hacer si viviéramos aislados?. La sensibilidad nos permite descubrir en los demás a ese “otro yo” que piensa, siente y requiere de nuestra ayuda.
No pensemos en esa sensibilidad emocional que se manifiesta exageradamente con risas o llanto y tal vez “sintiendo” pena o disgusto por todo. Ser sensible va más allá de un estado de ánimo, es permanecer alerta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Acaso ser sensible es signo de debilidad?. No es blando el padre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos; el empresario que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados; quien escucha, conforta y alienta a un amigo en los buenos y malos momentos. La sensibilidad es interés, preocupación, colaboración y entrega generosa hacia los demás.

CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • ¿Te identificas con lo que dice el texto en su primer párrafo?, ¿te has visto a veces sola, viendo que nadie se mostraba atento a tu situación, sensible a la experiencia que estabas viviendo?, ¿cómo te sentiste?, ¿qué necesitabas en aquel instante?.
  • A tu manera de entender, ¿qué es necesario para que las personas adquiramos la cualidad de la sensibilidad hacia lo que ocurre o se da a nuestro alrededor?.
  • ¿Podemos en nuestro grupo crecer en una mayor sensibilidad de unas a otras?; pon ejemplos concretos en los que podría y sería necesario que esa sensibilidad fuera más palpable.
  • ¿Cuál va a ser hoy tu compromiso para vivir una mayor sensibilidad para con las personas con quienes te relaciones, tanto en la casa como fuera de ella?.


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