miércoles, 15 de junio de 2016

Hay VIDA fuera de la droga

Apenas ayer conseguí mi propio apartamento. No fue fácil. Tengo antecedentes penales y un crédito terrible. Me podría haber mudado a un apartamento en la zona de guerra o en algún otro barrio repleto de drogas. Pero estaba tratando de escapar de ese estilo de vida, no quería estar en el centro de él. Entonces, hablé con el gerente de la propiedad y le dije la verdad acerca de mi abrupto pasado. Me dijo que no me podría alquilar el apartamento. No podía aceptar una negativa. Le pedí que hablara con el propietario. Le dije que obtendría cartas de referencia. Le pregunté qué podría hacer para demostrarle que había dejado atrás mi pasado. Lo convencí. Mi perseverancia dio frutos y estuvo de acuerdo en hablar con el propietario de mí. Todo salió bien. Parece ser que ahora es común que las cosas salgan bien en mi vida. Todo parece salir bien.
Hubo un tiempo en que realmente nada me salía bien. No tenía absolutamente nada. Todo lo que tenía o alguna vez tuve lo usé para financiar mi adicción a las drogas… Vivía en mi auto. En realidad, ni siquiera era mi coche, sino el de mi novio. Llevaba solamente tres años fumando “crack” (cocaína) y heroína y ya había perdido todo.
Esa era mi realidad. Cuando lo pienso ahora me parece imposible. Parece que no era yo. O parece que mi vida ahora no es real. 
Mi adicción a las drogas eventualmente me llevó a la cárcel. Aproveché el tiempo en la cárcel. Me inscribí en clases a través del Internet en la Universidad de Este de Nuevo México. Participé en un programa de libertad supervisada. Trabajé en la fábrica de tortillas. Cuando salí de prisión tenía un trabajo de tiempo completo y estaba inscrita en clases, tiempo completo, en la universidad. 
A partir de entonces empecé a reconstruir mi vida.
Trabajé duro y aproveché haber dejado la adicción a las drogas. Había permitido que las drogas rigieran mi vida por demasiado tiempo. Finalmente fue maravilloso tener el control. Hice lo que sabía que era lo correcto y trabajé duro para llegar a ser una persona honesta y digna de confianza. Todo ha resultado mejor de lo que jamás hubiera podido imaginar.
Ahora trabajo en el lugar de transición en el cual una vez fui residente. También trabajo en la oficina de orientación, donde alguna vez recibí servicios. La primera vez que me dieron las llaves de un edificio, sentí extraño. Pero ahora sé que lo merezco.
Hasta estoy cuidando una casa que pertenece a alguien que fue candidato para el Congreso. A mí, una drogadicta de crack que dejó la adicción en la cárcel, me confían las llaves y códigos de alarma de una casa de un millón de dólares. Tengo acceso a los estados financieros de las dos empresas para las que trabajo. Y lo mejor es que sé que ahora no decepcionaré a nadie, ni siquiera a mí misma.
He encontrado cosas divertidas que hacer estando sobria. Todos los fines de semana hago caminatas por las montañas. Corro a lado del río. Disfruto de la vida. Recuerdo aquellos días en que nunca pensé que dejaría la adicción. Estoy muy agradecida de que mi pasado haya quedado atrás. Trabajo duro todos los días para que no se convierta en mi presente o en mi futuro. 

– Anónimo, NM


CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:

  • ¿Qué crees que le llevó a la mujer que relata esta historia a pensar que "no era ella" y que "nada le salía bien"?. ¿Por qué la adicción a las drogas, al juego, etc... es esclavitud y anulación de uno mismo?.
  • ¿Ha habido momentos o etapas en tu vida en que "no eras tú"?. ¿cómo te sentiste?.
  • ¿Cuáles crees que son las claves que ayudaron a esta mujer a dar portazo a su adicción y a emprender la vida que ella quería para sí misma?. ¿Qué papel tiene ahí la esperanza?, ¿en qué la hizo consistir?.
  • ¿Qué puedes hacer hoy para que tu esperanza sea activa, más comprometida y te conduzca a las metas que siempre quisiste para ti?.

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