martes, 9 de junio de 2015

El diamante

Vivía en Irlanda un rey que heredó un gran diamante de belleza extraordinaria que pronto causó admiración en todos los reinos.
El diamante permanecía expuesto para que todos los visitaran bajo una constante vigilancia.
Tanto el rey como el reino prosperaban, y el rey atribuía al diamante su buena fortuna.
Un día uno de los guardias, nervioso le dio al rey una terrible noticia: "Había aparecido un defecto en el diamante".
Se trataba de una grieta, aparecida en la mitad de la joya. El diamante había sufrido una fisura en sus entrañas.
Convocó a todos los joyeros del reino para pedir su opinión y le aseguraron que el defecto era tan profundo que lo único que conseguiría si intentaba arreglarlo sería que aquella maravillosa joya perdiera todo su valor.
Mientras el rey meditaba, un joyero ya anciano, que había sido el último en llegar le dijo:
- "Si me da una semana para trabajar en la joya, es posible que pueda repararla".
Al principio el rey no dio crédito alguno a sus palabras. Finalmente el rey cedió, pero con una condición:
- "La joya, no debe salir del palacio real".
Al anciano joyero le pareció bien el deseo del rey y se puso a trabajar.
A diario el rey y los guardianes se paseaban nerviosos ante la puerta de la habitación. Oían los ruidos de las herramientas y se preguntaban qué estaría haciendo el anciano.
Al cabo de la semana, el anciano salió de la habitación. El rey y los guardianes se precipitaron al interior para ver el trabajo del misterioso joyero.
Al rey se le saltaron las lágrimas de pura alegría: ¡Su joya se había convertido en algo incomparablemente más hermoso que antes!.
El anciano había grabado en el diamante una rosa perfecta, y la grieta que antes dividía la joya por la mitad se había convertido en el tallo de la rosa.
Para este rey el diamante era su perla preciosa. Era el tesoro de su vida.

Para Dios este diamante somos cada uno de nosotros.
Eres precioso a mis ojos....eres estimado y yo te amo” (Is 43,4)
Quizás como en el diamante del rey, en nuestras vidas aparezcan roturas y grietas. Somos importantes para Dios, muy importantes.....su joya preciosa.
Y Dios llega por los caminos más simples y a la vez más sorprendentes y como el anciano joyero viene a hacer en nosotros lo que nosotros no podemos hacer.
Sintámonos sobrecogidos por esa presencia de Dios que trabaja en nosotros.
Dichosos seremos si nos ponemos a tiro y nos dejamos encontrar en la simplicidad.
Convertirá las roturas en tallos y flores. Y en nuestras grietas se descubrirá la belleza.
Y como Él tantas y tantas personas que prestan  sus manos a Dios para curar y reparar grietas de los corazones de la humanidad rota.

CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:

  • ¿Qué enseñanzas descubres en este relato y en la reflexión añadida al final?.
  • ¿Cuáles son tus grietas, tus heridas,... tus rotos?. ¿Qué has hecho hasta hoy con todo ello?.
  • ¿Cómo podrías transformar esa realidad dolorosa, o quizás desilusionante o dificultante,... para que se convierta en oportunidad, ocasión de crear auténtica belleza en ti?.
  • ¿Qué puedes hacer hoy para dar un paso más en esa transformación?.

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