viernes, 27 de febrero de 2015

Necesito un abrazo

Hace  años, en los turnos de la noche, conducía un taxi que se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros me contaban acerca de sus vidas. Escuché  a varias personas que me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y muchas otras me deprimían.
Pero nadie me conmovió tanto como la mujer que recogí en una fría noche de febrero.
Un día respondí a la llamada de una vivienda en un modesto sector de la ciudad.
Cuando llegué a las 2:30 de la madrugada, el lugar estaba oscuro excepto por una tenue  luz en  el primer piso. Bajo esas circunstancias, muchos conductores   esperan un minuto y  se marchan.
Aunque la situación se veía peligrosa, caminé hasta la puerta y toqué.
- Un minuto",  respondió una frágil voz.
Pude escuchar cómo alguien caminaba lentamente arrastrando los pies sobre el piso; después de una larga pausa la puerta se abrió y apareció una mujer anciana de unos 80 años. A su lado aparecía una maleta de nylon y una caja de cartón que la mujer dijo eran unas fotos y muchos de sus recuerdos”.
Su vivienda parecía como si nunca hubiese vivido nadie allí. Todos los muebles estaban cubiertos por sábanas y no había cuadros ni relojes colgados de las paredes.
Ella repetía su agradecimiento por mi gentileza.
- No es nada, le dije, yo sólo trato a las personas como quiero que traten a mi madre”.
Ya en el  taxi me dio un papel escrito con una dirección, entonces preguntó:
- ¿Podría conducir a través del centro?”.
- Ése no es el camino más corto”, le respondí rápidamente.
- Oh, no importa, dijo ella, estoy camino del asilo y quisiera ver mi ciudad por última vez”.
La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos.
- No tengo familia, no tengo a nadie, continuó, sé que ya no me queda mucho tiempo por vivir…”.
Disimuladamente apagué el taxímetro. Las siguientes dos horas conduje a través de la ciudad. Ella me mostró el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores.
Circulé por el vecindario donde ella y su esposo vivieron cuando estaban recién casados.
Me pidió que nos detuviéramos frente a un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile en que ella aprendió a bailar cuando era niña.
Algunas veces me pedía que pasara despacio frente a un edificio en particular, una esquina, un teatro, o por el parque, y miraba hacia la oscuridad sin decir nada.
Cuando apareció el primer rayo de sol  en el horizonte, ella repentinamente dijo:
- Estoy cansada, ya quiero llegar”.
Me dirigí en silencio hasta la dirección que me había dado.
Dos asistentes que estaban esperándola  vinieron al taxi tan pronto llegamos. Eran muy amables. Abrí el maletero y llevé su equipaje hasta la puerta. La mujer se sentó en una silla de ruedas.
- ¿Cuánto le debo?”, Preguntó, buscando en su bolsa.
- Nada”, le respondí.
Me agaché y la abracé. Ella me sostuvo con fuerza, y dijo:
- GRACIAS, ¡¡NECESITABA ESE ABRAZO!!”.
Apreté su mano, luego caminé hacia la luz del amanecer. Atrás de mí una puerta se cerró…. “Fue el sonido de una vida concluida”.
De regreso a casa reflexionaba: “¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera esperado un minuto y me hubiera marchado?”.
No creo que haya hecho algo más importante en mi vida.
A veces pensamos que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero los más grandes son los que nos atrapan desprevenidos.
Alguien tal vez no recuerde lo que hiciste o lo que dijiste... pero siempre recordará cómo le hiciste sentir... sólo por un abrazo
.


CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
  • El relato habla de "un abrazo" pero hubo más ¿cuándo el taxista le dio verdaderamente el primer abrazo?.
  • ¿Cuál es la primera condición para que un abrazo físico "llegue" y no sean sólo unos simples apretones?.
  • ¿Cómo tuvo que ser el abrazo del taxista para que la mujer anciana expresara que "necesitaba ese abrazo"?.
  • Aparte de invitarte a que hoy pongas en práctica eso de abrazar a alguien a quien le quieras hacer ese regalo, te proponemos pensar en ¿qué vas a poner en ese abrazo?, ¿qué te propones para que tus abrazos sean sentidos y percibidos así también para los demás?.

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