en que te miré ahí, en mi espera,
todo el día te imaginé?.
Yo sólo quería
mirarme en tus ojos;
pero la mezcla
el olor del café con tus labios
y el brillo de tus ojos
eran miel perfecta
que endulzaba mi café.
Nos sentamos
y me escuchaste con atención
las veces que lloré,
y tú me hiciste sentir
que soy más que una simple mujer.
Mientras tomabas tu café,
ese olor se impregnó en tu ser.
Desde entonces,
me volví adicta a él y a ti,
porque llevas café
en la sangre y en tu piel.
Es raro, ¿no?.
Porque los sentidos tienen fantasías
que se cumplen al borde
de la taza de café,
y los besos se estampan
en ese rojo carmesí
en la vereda de tu abrazo.
Hoy me sabes a café...
Mgabriel Portilla
Eres mi más bonita poesía.
Tulancingo Hgo, México

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