jueves, 27 de octubre de 2016

Relaciones sociales y emociones

El ser humano es sociable por naturaleza, pero no por ello quiere decir que nos sepamos desenvolver bien socialmente.
Las habilidades sociales nos sirven para establecer relaciones sociales satisfactorias, pero no solo dependen de nuestras herramientas o de cómo nos desenvolvemos socialmente, también de cómo gestionamos nuestros sentimientos y los de los demás.


Las relaciones sociales pueden ser un arma de doble filo, ya que por un lado pueden ser nuestra fuente de bienestar, nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, nos sirve como efecto amortiguador cuando surge un problema en otra área y nos hace sentirnos bien al disfrutar de planes que deseamos con nuestros amigos o familiares fomentando nuestro autoconcepto (imagen que nos formamos de nosotros mismos) y autoestima (valoración de esa imagen que hemos creado).

Pero por el otro lado, pueden generarnos mucho malestar si no sabemos cómo podemos afrontar un determinado problema o conflicto, teniendo repercusiones en nuestro estado psicológico, ya que puede aparecer emociones cómo frustración, ira o tristeza, que mantenidas en el tiempo y sumadas a un déficit en las relaciones sociales pueden favorecer la aparición de ansiedad o depresión.

Muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones y decimos cosas que nos vienen a la cabeza de las que luego nos arrepentimos. Estas situaciones, generalmente y aunque no todas, vienen determinadas por nuestras vivencias, experiencias sociales previas e interpretación que hagamos de la situación, es decir, que ante una misma situación social dos personas van actuar de maneras diferentes porque ambas personas no interpretan de la misma manera el lenguaje no verbal o el mensaje que se trasmite.
Y esto afecta en la calidad de nuestras relaciones, porque algunos de nuestros pensamientos anticipatorios determinan nuestra conducta, por ejemplo si yo estoy en una parada de autobús y una persona me sonríe puedo interpretar que le agrado a esa persona o puedo interpretar que estoy haciendo el ridículo porque esa persona se está riendo de mí.

Otro aspecto que influye en la manera de relacionarnos es expresar nuestra opinión. Muchas veces se generan conflictos entre dos personas que no están de acuerdo, favoreciendo que haya algún conflicto entre ambas. Por ello es importante gestionar cómo trasmitimos nuestra opinión y cómo hacerlo, debido a que nos tenemos que adaptar tanto a como trasmitir a la persona que tenemos delante, cómo a la situación de una manera correcta.

Pero ¿qué es de manera correcta?  Consiste en saber qué es lo que quieres en cada momento, en no exigir, en aceptar nuestras limitaciones, en luchar por conseguir nuestros objetivos, en mantener tus ideales y en aprender a manejar y comprender de manera adecuada sus sentimientos o emociones y las de los demás.
Por lo que no es cuestión solo de aprender a cómo y cuándo decir las cosas, también hay que aprender a gestionar nuestras emociones para no arrepentirnos de lo que hacemos o decimos cuando nos convertimos en pura emoción.

¿Cómo podemos gestionar las emociones?
En primer lugar tenemos que conocernos, conocer cuando empezamos a enfadarnos y discriminar cuando estamos en nuestros niveles más altos de enfado.

Podemos verlo como si fuéramos un semáforo, cuando estamos en verde, nos encontramos bien, tranquilos, cómo normalmente somos. En ámbar es cuando empezamos a encontrarnos irritables, molestos, notamos que nos estamos enfadando. Por último, el semáforo se pone en rojo porque estamos realmente enfadados, en este estado no es aconsejable tomar decisiones o realizar algún acto, ya que al estar influenciados por una emoción intensa, es más probable que  crucemos ciertos límites que si estamos en luz verde no haríamos, porque conocemos las repercusiones que pueden tener.

Diferenciar en que color nos encontramos es uno de los primeros pasos para poder utilizar herramientas con el objetivo de reducir el número de veces que llegamos al color rojo, y es que no actuamos igual si estamos tranquilos que si estamos enfadados.

Técnicas cómo relajación (respiración abdominal, relajación muscular, etc.), autoinstrucciones (frases cortas que nos orienten a nuestro objetivo), tiempo fuera (sobre todo cuando nos encontramos en el color rojo, tenemos que distanciarnos de la situación que nos está generando esa emoción) o reestructurar pensamientos (aprender a darnos cuenta de si lo que pensamos es lo que nos está causando un estado emocional determinado, de si algún pensamiento anticipatorio está impidiendo que sigamos avanzando o si tenemos algún prejuicio que nos está frenando y aprender a poner alternativas a esos pensamientos) son algunas de las que puedes utilizar para gestionar las emociones.

Las relaciones sociales se ven afectadas cuando aparecen los conflictos o discrepancias entre amigos o familiares, el aprender a gestionar las emociones es clave para una mejor calidad de nuestras relaciones al favorecer un ambiente más cómodo y agradable, y al fomentar el bienestar psicológico y social.
En resumen podemos decir que las habilidades sociales, no solo dependen del contexto también dependen de la gestión que nosotros hagamos de nuestras emociones.

Cuestiones para reflexionar
  • ¿Cómo son mis relaciones sociales?
  • ¿Me desenvuelvo bien?
  • ¿Soy capaz de afrontar los conflictos de una manera adecuada?
  • ¿Me dejo llevar por mis emociones?
  • ¿Suelo pensar lo que quiero decir antes de hacerlo?
  • ¿Se gestionar mis emociones?
  • ¿Si no estoy de acuerdo con la opinión de una persona, se lo digo de manera adecuada?
  • ¿Me ha afectado en mis relaciones sociales que me dejara llevar por mis emociones?

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