No puedo decirte adiós ni pensar que no escucharé tu voz. Tampoco quiero imaginar que, aunque estés en la distancia, ya no podrás abrazarme.
Siempre
cuidaste de mí y de mi sentir, ¿es raro, verdad?. Pero siempre venías con una
palabra de esperanza cuando mi mundo se caía.
Eres de
esas personas que me conocían y sabías cuánto dolía la vida a veces, me
enseñaste a desaprender para aprender amarme.
Sin
saberlo, me salvaste de rendirme. Me ayudaste a lidiar con cosas que no eran
mías, me llevaste a desprenderme y gritar lo que dolía, a respirar lo que era
amor y soltar lo que nunca me amó. Me ayudaste a creer y, por cada lágrima,
como decías, un paso al éxito.
Separamos
la realidad de la ilusión y trabajamos el dolor, pero seguimos adelante en lo
real, gracias por tu apoyo incondicional, por darle voz a mis letras en cada programa.
Yo sólo
puedo agradecerte, amigo mío, con un "te quiero" al despedirnos. Con
las mañanitas en mi cumpleaños en tu voz y el mensaje de esperanza, gracias por
escucharme sin juzgarme, por entender mi sentir, por las llamadas a deshoras
sabiendo que mil veces caí.
Aún quedó
pendiente hablar del fin del mundo, la emoción de tu sonrisa y cómo me
mostraste desde tus ojos el faro que inspiró a Julio Verne. Cada foto
compartida de tus viajes era vivir tu emoción y viajar contigo. Me quedo con
ese instante, amigo mío, mirando el fin del mundo, tú ahí y yo desde tu
mirada... Te quiero mucho.
Gracias siempre amigo mío, hoy el guapo del oper, dejará esas canciones en tu andar.
M.gabriel Portilla
MÉXICO

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