Fuego, las brasas siguen ardiendo
entre el rojo de las sábanas
que se consumen en la noche,
entre sombras que danzan hacia el alba.
Soñando que llegas tú,
en una noche de luna clandestina,
donde el deseo es un susurro
que late como un corazón sin pausa.
Las llamas besan la penumbra,
dejando un rastro de calor
que palpita en cada pliegue de la espera.
En el silencio, el anhelo es
un perfume que se desborda,
evocando el tacto de tu piel,
el aroma de tu respiración.
La noche se estira, expectante,
como un lienzo que aguarda
el trazo de tu presencia.
Y en el fuego que late entre las sábanas,
arde el recuerdo de un deseo
que no se apaga.
Mgabriel Portilla
Tulancingo Hidalgo, México

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