y darme cuenta de que
jamás se debe dejar de hacer
lo que nos gusta por nadie.
Valoro lo que hago y,
aunque no sea lo que guste a los demás,
yo amo hacerlo
y jamás por nadie dejaré nada atrás.
Comparto mis gustos,
pero si no es valorado, sigo mi curso
y lo aprendí a través de lágrimas,
dudas y desengaños.
Lo mío es mío
y comparto lo que tengo, lo que doy,
y eso nadie me lo quita.
Hoy es más grande.
Como a muchas,
me tocó seguir riendo
cuando el corazón se rompía,
cuando en vez de disculpas
de mí se reían,
pero seguimos aquí,
en plena lucha con el alma viva.
Mis alas están hechas de amor,
surgidas de melancolía
y plumas de cursilería
para volver a volar
las veces que no se pueda bailar.
Admiro mi magia
y agradezco mis defectos,
abrazo mis miedos
y vuelvo a empezar de cero el vuelo.
Mgabriel Portilla
Tulancingo Hidalgo, México
MaGa una rosa triste

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